Un día cualquiera.
Pasaba por los días, sin ofrecer mayor resistencia, sin incluir nuevas costumbres, sin buscar nuevos en su vida, sin esperar gran cosa, sinceramente, con pocas expectativas, y regularmente sin grandes esperanzas, al menos eso parecía mostrar con su mirada, y sus pocas ganas de reír, no puede él decir, que los días pasaban, porque en realidad, su vida iba sin más ni más, sin atender en lo más mínimo al pasar del tiempo, sin atender a las preocupaciones normales, sin pretensiones, sin sentir que perdía el tiempo, sin encontrar explicaciones, aunque en realidad pocas buscaba, o sin escatimar esfuerzos en refugiarse en sí mismo, sin querer mostrarse, sin ella.
Un día cualquiera, como todos, al menos así él lo pensaba, al menos él así lo sentía y esperaba, una voz susurró a su oído, con ganas de más de él, con ganas de encontrar en aquel hombre, lo que él no quería mostrar, lo que temía mostrar, pero lo que él seguramente tenía, aquella voz cautivante reclamaba, no sólo espacio, no sólo sentimiento, exigía vida de aquel cuerpo, reclamaba a grandes gritos, reacción, acción, pedía con enormes deseos, un abrir de ojos, un esfuerzo por salir de tan cerrado vínculo con sí mismo.

Aquel hombre, abrió de par en par su vida, su alma, su corazón, se mostró tal cual, desnudó enteramente su vida, dejó a la luz sus más íntimos secretos, salió de aquel caparazón, ofreció hospitalidad, ofreció un buen lugar donde residir hasta que ella lo quisiera, sentía que estaba listo para enfrentar, listo para querer, listo para ser pasional, dejar su enorme racionalidad a un lado, listo para involucrar pensamiento y sentimiento, a su parecer algo imposible, pero dispuesto a hacerlo.
De la misma forma imprevista, tan falta de anuncio, un día cualquiera ella se fue, ya no con aquel susurro a su oído, todo lo contrario, con un vozarrón, con un grito fastidioso, molesto, casi indignante, lastimador en exceso.
Contrario a lo que aquel hombre pensó, a pesar de su dolor, sintió un enorme deseo de no dejar su nueva vida, a pesar de ya no estar con ella, a pesar de su partida, a pesar de su despedida, aún sabiendo, que no contará más nunca con ella, él, se siente ahora mejor, él, no siente rabia, no siente ya nada, parece raro, pero no siente, sí, no siente, aparte de un enorme agradecimiento, por su oportuna incursión, por su acertada intervención, de una gratificante sensación de vida, es claro, ya no necesita de ella, al igual que ella no necesita de él, ella logró su cometido, él muy seguramente continuará, ahora más vivo que nunca, lleno de deseos, por mostrar aún más, por explotar, por no dejar muestra de absolutamente nada que pueda brindar.
Él ahora se encuentra expectante, pero cauteloso, pretensioso, pero sin mayores revoluciones, él ahora sabe que la dicha podría estar asechando cerca de su vida, él no piensa más en ella, él sabe que merece algo mejor a su lado, alguien mejor, él ahora sabe que las buenas cosas, las buenas personas, están muy cerca, sin tiempo fijo, pero con esperanzas fijas, claro, quizá en cualquier momento, de forma imprevista como ella irrumpió en su vida, claro… un día cualquiera.
Imagen: Archivo personal.




=La Fulana= dijo
Un día cualquiera y seguramente no muy lejano, vas a encontrar a la mujer con quien tomar cada uno de los días compartidos como únicos, irrepetibles y que den la sensación de que esos días no son cualquiera, sino los más grandiosos de sus vidas.
Abrazos.
20 Septiembre 2005 | 03:45 AM