Tengo enemigos, además son inteligentes.
Yo que me creía una persona que disfruta de las pocas envidias que despierta (por aquello de ser un humano común y corriente) he descubierto con algo de desconcierto en mi vida, que tengo enemigos terribles.
Los descubrí hace algunas noches, conocía de su existencia pero los creía inferiores, es más, creía que no tenían cerebro, y como sabía que sólo las hembras podían atacarme, mi instinto de macho me hacía sentir tranquilo y además superior, pero ese pensamiento estaba a punto de cambiar. Yo acostumbro a estar despierto por mucho tiempo durante la noche, es más, muchos días veo el amanecer desde mi ventana y frente al monitor de mi PC.
Sin embargo, las noches de la semana pasada tenían un cierto embrujo, que no me dejaba dormir, más que los otros días, el embrujo era sencillo: trabajos pendientes tanto en la Universidad con mi Tesis y en la oficina.
El encuentro con mis enemigos estaba cercano, poca importancia les daba, además, porque no acostumbraban atacarme, sin embargo, mi sufrimiento estaba a punto de iniciarse. Estudiemos un poco mi enemigo:
- Cerebro del tamaño de una punta de alfiler.
- Ecoreceptor que lo lleva donde la señal no le rebota cuadriculada.
- Ataque en parejas, con roles claramente definidos
- Sensibilidad a olas de aire provocadas por el acercamiento de nuestras manos.
- Veneno ácido para nosotros, en realidad es, saliva ácida.
- Equipado con extractor para tomar nuestra sangre.
Entre otras cualidades que más parecen ser equipamiento de un asesino letal, además le encanta algo que aprecio mucho en mi vida, mi sangre, pues sí, mis enemigos, los zancudos o mosquitos que la semana pasada se tomaron el ejercicio de atacarme durante todas las noches, con perdidas de bando y bando.
Aunque diseñe varias estrategias de ataque el enemigo resultó ser muy inteligente, contrario a lo que yo creía, escondiéndose en lugares recónditos, y además lejos del alcance de mis manos, lo cual transformaba la intensión de ataque en un aplauso por su agudo canto y la forma en que planeaban mientras huían.
Seguro que a todos nos ha pasado. Pero la sensación es de malestar, más con su canto en nuestros oídos perturbándonos.
Prometo estar preparado para la próxima vez que su osadía los acerque a mi habitación.
A estas alturas no sé que es lo que más me molesta: su canto, su inteligencia, su habilidad, o que se trate de un enemigo tan pequeño al que no pude vencer.
Imagen: www.siti.com.mx




Lucas dijo
En mi estudio tenia problemas similares hasta que llegó a vivir acá una salamandra...
es casi transparente pero en época de mosquitos se le ve la barriga negra negra negra.
Saludos salamandricos. (o será salamandriles?)
20 Septiembre 2006 | 03:06 AM